El deber de dar y ayudar al necesitado
A veces hay los que censuran el cristianismo por no estar más involucrado en aliviar a los pobres. ¿Es cierto que estamos fallando? ¿Hasta qué punto somos responsables en ayudar a los pobres? Si somos responsables, ¿cómo es la forma mejor de cumplir con nuestro deber?
En mi niñez vivimos en el campo. A veces tuvimos problemas en el jardín de la casa con topos. Son mamíferos que viven en debajo de la superficie de la tierra. Ellos comen gusanos que encuentran en la tierra. Más de una vez intenté cazar uno por meter una manguera en la entrada de su casa y echar agua. Pensé que cuando su casa se llenaría de agua estarían obligados a salir. Era en vano porque la tierra arenosa chupaba el agua y era imposible llenar su casa. Tenemos el mismo resultado si intentamos aliviar la pobreza con grandes cantidades de dinero. Es que hay tanta pobreza en el mundo que sería imposible eliminarla. Por eso, es más prudente luchar en contra de lo que es la causa de la pobreza. A través de la historia, el cristianismo ha intentado aliviar este problema. Por supuesto, no toda la pobreza es por causa del pecado, pero muchas veces el pecado lleva a la gente a la pobreza. Así que, si ayudamos a la gente a vencer sobre el pecado resulta que tienen una mejor calidad de vida y, a su vez, menos pobreza.
Hay dos maneras de batallar en esta lucha. Una es atacar de frente la inmoralidad. Es un intento de razonar con la gente e informarles de los tristes resultados de la lascivia. No es en vano, pero a pesar de lo que decimos, muchos seguirán dando rienda suelta a sus pasiones carnales.
La otra manera de batallar en esta lucha es a través de evangelizar. Una conversión verídica resulta en un cambio de vida. Aquella persona no sigue viviendo en la maldad. II Corintios 5:17 dice “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. Por supuesto así no vamos a hacer un impacto impresionante sobre el mundo. Siempre es más prudente curar la causa de la enfermedad en vez de tratar los síntomas, no más.
En la iglesia primitiva había un plan para ayudar a las viudas. Leemos de esto en los Hechos capítulo seis y I Timoteo capítulo cinco. Hoy en día no vemos tanta necesidad de esto. Muchas iglesias evangélicas ayudan a los de la iglesia que se encuentran con una necesidad económica. El creyente debe estar dispuesto a ayudar a los demás hermanos, especialmente cuando ven que el necesitado está haciendo lo que puede para suplir su necesidad.
No leemos en la Biblia que es el deber del cristianismo aliviar el sufrimiento en el mundo. Es más bien uno de los resultados de la predicación del evangelio. La gran comisión, dada por Jesús es, “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre, e del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amen.” (Mateo 28:18-20). Después de hacer discípulos, tenemos que enseñarles “que guarden todas las cosas que os he mandado”. Esto es lo que alivia mucho sufrimiento.
En el tiempo de la Biblia los judíos practicaron lo que se llamaba “hacer limosnas”. Probablemente los creyentes siguieron esa costumbre. No hay ningún versículo en la Biblia que mande a los creyentes hacerlo.
La obligación del creyente, más que nada, es hacia los en su alrededor. I Juan 3:17 dice “Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿como mora el amor de Dios en él?” Gálatas 6:10 dice “Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe”. Leemos que las iglesias en Asia levantaron una ofrenda para aliviar a los creyentes pobres en Jerusalén. Romanos 15:26 dice “Porque Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalén”. Esto era para los creyentes, no más. En el plan de Dios, servía también para efectuar más amor y una reconciliación entre los creyentes judíos y gentiles.
Es en vano ayudar a la gente económicamente si no están dispuestos a aceptar la ayuda espiritual. Muchos están dispuestos a aceptar la ayuda de una obra humanitaria, pero no quieren reconocer que tienen una gran necesidad espiritual. Muchos no pueden comprender como una relación con Dios va a aliviar la pobreza. La religión que ellos conocen no hace nada para detener la inmoralidad con su triste resultado.
Muchos hombres, en su ignorancia, piensan que cualquier problema puede ser solucionado con dinero. Vemos esto en los gobernantes que tratan de solucionar problemas sociales con dinero. Las cosas van de mal en peor, pero ellos siguen pensando que, con un poco más dinero,